Crónica de un downtime anunciado

Esta es la historia del señor A. Es algo que me ha ocurrido hace poco y me parecía interesante explicarlo. Podría hablar sobre que ISO ha rechazado el OOXML para ser aprobado por la vía rápida, pero bueno, solo hay que esperar que lo sea por la vía lenta. Así que me parece que esto es más jugoso.

Hace un par de años el señor A no quería saber nada de Internet, eso no era para él; pero un buen día, vió que la competencia empezaba a moverse y había un negocio emergente: quería parte del pastel.

Así que contactó con el señor B, que le había dicho mil veces que montara una web decente y unas cuantas cosas más pero el señor A siempre le daba largas. Le explicó el negocio, que tenían ya un proveedor, que iban a comprar las máquinas y necesitaban una intranet para atarlos a todos en las tinieblas.

No empezó a lo grande sino con cautela y la cosa no fue mal. Compraron un servidor de juguete para empezar pero al año se les quedó bastante corto. Eso sí, hasta que no empezó a dar problemas graves como quedarse sin espacio o sin ancho de banda no reaccionaron. En definitiva, se puso una máquina mejor, pero sin grandes gastos: la versión MSDE de SQL Server, craso error, aunque en ese momento aun no lo sospechábamos.

Pasó el tiempo y llegó septiembre, una buena época para su negocio. Ya en navidades hubo algún aviso, con saturación del SQL por exceso del número de consultas, que en su versión gratuita vienen limitadas al ridículo número de 8 simultáneas. Se perdió algún pedido pero tampoco fue para tanto. Tras descubrir el motivo, aun en enero se sugirió comprar otro servidor o por lo menos una licencia de SQL 2005.

El señor A dijo que no era para tanto, que si iba lento era porque había muchos pedidos por lo que se archivaron los que tenían más de 6 meses. Bien, una medida barata pero de dudosa eficacia. Se invirtió tiempo en hacer un remiendo para un problema que estaba ahí. Quizás el señor B no insistió bastante en la importancia del asunto, pero con el dinero que estaba ganando el señor A, un servidor nuevo era calderilla.

El tiempo pasó y se acercaba septiembre. A finales de agosto la cosa empeoró ya, con unos buenos downtimes de SQL (por exceso de concurrencia), saturación del ancho de banda del sistema (los clientes tienen que subir gran cantidad de datos, es una característica de este servicio). Eso provocó las quejas de numerosos clientes y la pérdida de muchos pedidos que quedaban a medias. Ahí sonó la voz de alarma.

Desde julio estaba listo el nuevo servidor, pero bueno, venían las vacaciones y nadie tenía ganas de marrones en aquel momento. Resumiendo: el sistema se dejó a su suerte ya que con el parón veraniego la cosa iba bastante bien. Entonces nos plantamos en la última semana de agosto, cuando estaban los señores A y B de vacaciones: me llamaron durante toda la semana por problemas variados, siendo lo más grave que durante los periodos de saturación del SQL Server por exceso de consultas se pagaban transacciones que luego no tenían pedido reflejado.

Esto último la verdad es que es bastante mosqueante y hay protecciones para que tal cosa no ocurra pero al parecer, durante algunos instantes los datos ‘existen’ desde el punto de vista del servidor de base de datos o al menos las comprobaciones que se hacen son positivas. El cualquier caso el objetivo era conseguir que no fallase la base de datos nunca más.

La final llegó septiembre y con él los señores A y B. El señor A estaba nervioso y no era para menos porque cada tarde la base de datos estaba saturándose y perdían clientes. Por si no fuera poco, durante el fin de semana se quedó el servidor sin espacio por la cantidad de datos que subieron los usuarios y durante lunes y martes el tráfico era tan elevado que ni siquiera podíamos acceder a gestionar el servidor.

Al final: instalación de emergencia en el servidor nuevo. En menos de 24h montamos todo, copiamos todo, probamos todo y lo pusimos en marcha con 1h de retraso sobre la previsión. Ahora tienen 300Gb de disco, un SQL Server decente y una máquina con recursos de sobra, como tiene que ser. Además, las transferencias se siguen haciendo al servidor anterior de modo que ya no saturan la Intranet y todo parece que va como la seda.

En fin, fue un día estresante pero al final salió todo bien, solamente un problema con el objeto XMLHttpRequest y el método send, que daba un error de ‘Permiso denegado’. Leyendo información de Microsoft incluso pudimos aclarar algo y al final todo fue bien.

En resumen, que tuvimos suerte que las cosas han funcionado a la primera (bueno, hubo otro problema que comentaré otro día) pero ha sido una lástima que se haya tenido que hacer esto a toda prisa cuando ha habido tiempo de sobra para hacer las cosas y el señor A ha perdido un montón de dinero teniendo el sistema 4 o 5 días por los suelos. Pero bueno, en cierto modo lo tenían merecido.

Ya llamó el señor A para decir que todo iba mucho mejor y el señor B debería estar mucho más contento de lo que está. Seguro que hay una próxima vez.

12 tipos de clientes (y cómo tratarlos)

Leo a via LifeHacker que FreelanceSwitch ha publicado un interesantísimo artículo titulado “12 breeds of client and how to work with them”, que sería más o menos el título de esta entrada.

Es interesante ver como no importa donde trabajes, los clientes siempre son iguales. Puede que en unos sitios haya más de un tipo o de otro, pero creo que han conseguido agrupar la mayor parte de ellos. Quería hacer una traducción completa, pero me voy a quedar solamente en la superfície.

Entre los que más me encuentro en mi día a día agruparía al 1, 5, 6, 7 (aghh), 8 (ufff), 9 y 11. ¿Con cuales te enfrentas tu más?

1. El cliente de baja tecnología

“Parece confuso y desorientado cuando se habla de tecnología. Llama en vez de enviar mails y quiere que todo se envíe por fax. Hay que explicarle todo dos veces, pero al final acepta nuestros consejos”

Bueno, creo que por lo menos en España de estos hay unos cuantos y si los han puesto los primeros imagino que en EEUU también. Cuando consigues que confíen en tí no están mal pero a veces no hay forma y pierdes mucho tiempo explicándoles las cosas 100 veces, hablando por teléfono y visitándoles. Personalmente no me gustan demasiado, pero s lo que hay.

2. El cliente desinteresado

Es una bestia extraña. Cuando los otros clientes no paran de llamar a ver cómo van las cosas, el cliente desinteresado quiere realizar el mínimo esfuerzo posible. [...] Raramente te darás la información y materiales que necesitas y te pedirán que hagas cosas distintas a tu trabajo habitual con tal de ahorrarle faena porque no tienen tiempo

Pocos hay de estos. De los que no te pasan información cientos, pero luego quieren resultados lo antes posible y se extrañan cuando les dices que es que necesitas que te pasen material. Además la mayor parte de esas tareas “no habituales” suelen ser engorrosas y no le gusta hacerlas ni al cliente ni a tí tampoco.

3. El cliente manitas

“Es un artista frustrado. Te recordará siempre sus aptitudes como dibujante, fotógrafo, diseñador o escritor. El manitas tiene una idea clara de lo que quiere y poco o nada valorará tu opinión”

Estos siempre me hacen gracia. A veces es verdad que saben, pero la mayor parte solamente son una fuente de problemas que no está de acuerdo con nada y lo quieren todo como ellos tienen en su cabeza. Aunque eso pase por saltarse todas las convenciones establecidas y tu experiencia previa. Recomiendan que no les lleves mucho la contraria y estoy de acuerdo. A fin de cuentas ellos pagan y si el trabajo es malo no deberían echarte las culpas (aunque lo harán, claro).

4. El cliente paranóico

“El papeleo legal aparece desde el principio y es muy elaborado. A veces ni te hablan del proyecto sin un acuerdo de confidencialidad y seguro que este es favorable a ellos en todos los casos”

En España no hay una presencia del papeleo y de temas legales tan grande como en EEUU y hasta donde yo sé, en mi trabajo nunca he encontrado algo así. Por supuesto que hay gente reticente y mirada, pero todo tiene un límite.

5. El cliente apreciativo

“El cliente apreciativo te hará sentir especial con sus cumplidos y alabanzas. !Me encanta tener clientes de estos!”

Una rara species donde las haya, aunque alguno se encuentra. No dicen nada en su contra salvo que hacen parecer a todos los demás como malos clientes. A mi también me encantan y se agradecen de vez en cuando. No ponen problemas y todo les parece genial, son muy motivadores y el resultado final seguro que no es peor que el de los más exigentes.

6. El cliente “hazme un buen precio”

“Este cliente es un embaucador que piensa que tu primera oferta solamente es el punto de partida para negociar. Sabrás que lo tienes delante porque llegar a cualquier acuerdo económico implica una larga serie de tira y afloja. [...]“.

Habitualmente no lidio con temas de negociación de los proyectos pero me consta que existen. Supongo que la solución es convertirte en uno de ellos y disfrutar de la negociación.

A veces hay clientes que al principio son reticentes a los presupuestos que se plantean, pero solamente es falta de confianza y con el tiempo acaban firmándolos sin mirar ni siquiera la cifra.

7. El cliente “lo sabré cuando lo vea”

“Este cliente es parecido al desinteresado pero más frustrante. Su indecisión y falta de habilidad para decir qué es lo que desean hacen que sean de los pocos clientes con los que mejor no tratar”.

Razón tienen. Estos son de la peor calaña que se puede encontrar. No saben lo que quieren, pero no quieren eso que pareció que querían la última vez que los viste. Exasperantes y hacen que cualquier presupuesto se quede corto.

8. El cliente con urgencia

“Sus correos siempre son de altra prioridad y sus mensajeros llegan siempre corriendo. Trabajan a destajo los fines de semana y a altas horas de la madrugada y creen que todos hacemos lo mismo. Además piensan que son tu único cliente y que su proyecto por supuesto merece la más alta prioridad sobre los demás”.

La experiencia me enseña que esta gente es así, lo tomas o lo dejas. No solamente te están espetando a tí sino también a todo cuanto les rodea. Su vida es una urgencia. En realidad si no cumples al 100% sus altas exigencias tampoco se mosquean demasiado salvo que te pases de listo.

En realidad las prioridades se suelen establecer por motivos económicos, así que si son de estos clientes y encima pagan bien (y lo saben), tendrás que perder el culo por ellos. Si no, pues a la cola como todos.

9. El cliente que decide por comité

“Habitualmente habitando en grandes corporaciones, este cliente también se puede encontrar en lugares más pequeños donde las decisiones se toman con la esposa, el vecino o el perro. Carece te la más mínima autoridad y cada decisión debe ser tomada por un grupo de personas”.

Como molestan estos clientes si no se organizan bien. A veces tu contacto es el último mono y cualquier cambio o propuesta tardan días en aprobarse. Luego llega una respuesta que no parece ir ligada a la pregunta que se hizo. Lo mejor es conseguir reunir al comité y validar el proyecto juntos.

10. El cliente majo

“Te dan cualquier cosa que necesites sin rechistar y esperan que vuelvas con un resultado. Son muy poco asertivos y parecen contentos esperando décadas a que se lo des o aceptando algo que dista de ser un buen resultado”.

No está mal que no te den prisas pero su falta de exigencia puede hacer que siempre sea un segundón y sus proyectos no terminen nunca, porque siempre hay cosas más importantes.

11. El cliente con poco presupuesto

“Todos los clientes tienen un presupuesto pero algunos parecen más ajustados que otros. Puede ser el resultado de hacerle un favor a un amigo o pariente o un cliente habitual que nunca tiene un duro”.

Solamente valen la pena si no te van a poner pegas y aceptan retrasos y una calidad aceptable. Si encima de pagar poco creen que merecen el mismo trato que cualquier otro cliente (o mejor), intenta no tener muchos de estos.

12. El cliente del que deberías sentirte afortunado

“Es mas guay que tú y lo sabe. Tienen un proyecto de poco presupuesto pero que es genial y trabajan en un sector en el que todos quieren trabajar (música, cine…)”.

En España quizás no hay mucha industria guay pero si que hay cosas que quedan muy bien en el portfolio de cualquier empresa. Si ellos lo saben van a pagar poco porque en realidad te hacen un favor ¿o no?

Via: How to work with difficult clients | lifehacker